Home » Artículos

A Blanca Varela por Rafael Gallardo

21 Marzo 2009 2 Comments

A Blanca Varela (1926-2009)
Por: Rafael Gallardo (UNMSM)

Cuando reorganizaba mis cosas, ese mismo día, me encontré con unos papeles que no veía desde hace dos años. Tú me entiendes: quién no tiene papeles sueltos y extraviados, en un paquete de papeles entreverados. En estos papeles encontrados había escrito versos, frases, anécdotas sobre la vida y obra de Blanca Varela. Leyéndolos recordé esa mezcla de sentimientos, de urgencias y desequilibrios que cargaba cuando tropecé (obviamente que al referirme como un tropiezo a este encuentro lo hago con ironía), sin demora, con lo que yo buscaba y necesitaba de la poesía. Cierto es que no era la primera vez que leía algún poema suyo, gracias a otro azar generoso, compré y leí el valioso libro Documentos de literatura 1 sobre la generación del Cincuenta en el año 2001. Entre esa ruma de poetas, que el esfuerzo editorial de Carlos Orellana y la dedicación crítica de Marcos Martos intentaban sacar del olvido, estaba Blanca Varela y, ciertamente, no me despertaron el mayor aprecio sus poemas. Tuvo que pasar mucha agua bajo el puente para descubrir ese universo poético que sin dejar de ser extraño es irrenunciable. Jamás llegaré a ser esa ‘moneda perdida en el aire’  pero cómo me satisface su Camino a Babel.

Nuestra experiencia lectora nos dice que no son sólo códigos o maromas de significación lo que transmite en su belleza el texto poético, es por el contrario, en mi personal opinión, poder y placer.  El trabajo poético de Blanca Varela no me ha sabido hasta hoy como un vacuo problema del discurso, de la cultura o de la integridad y autonomía del ser humano o, específicamente, de la mujer, y por eso lo celebro, por eso lo disfruto. En su caso, además, no percibo la sobredimensión con que otros autores se entregan a su rol de voces creativas con pretensiones adánicas y santificadoras, o el odio con que gran número de personas realizan su oficio. Sí, en su caso, la consciencia humana adquiere las dimensiones de una creación, un acto, casi un reflejo (otro caso peruano sería la obra poética de Raúl Deustua) y su voz es un sesudo punto de vista a favor de ningún dogma; ajena al sofisma de la voz con que otros poetas se celebran: ‘Un poema / como una gran batalla / me arroja en esta arena / sin más enemigo que yo // yo / y el gran aire de las palabras’.

Si escogí la palabra odio para referirme a la actitud que no toma frente a lo que hace nuestra poeta, que en cualquier otro quehacer nos daría pie para hablar de injusticia o vano sacrificio, es porque son contados los casos en que el lector siente cercano el pesar, el vía crucis, del otro lado del poema, es decir, al autor, cuando se entrega a la escritura apasionada de su experiencia. Ella así lo hizo, creo no equivocarme, desde absolutamente todos sus poemarios, a lo largo de aproximadamente diez lustros. Incluso la propia poeta expresó con exactitud lo que cabría esperar, por falta de indolencia nuestra, para tal destino; acaso, en contra de esa necesidad de abnegación con que se sabía, en uno de esos tantos momentos de autocontemplación aguda: ‘ego te absolvo de mí’ (sic). A propósito de lo que acabo de decir, me parece pertinente transcribir unas líneas de la entrevista que le hiciera La casa de cartón de OXY en su número de homenaje: ‘Te hago una confesión: a mí no me gusta mi poesía, pero es la única que puedo escribir. Es una poesía honesta; no podía haber escrito de otra manera. Si hubiera querido fingir un mundo feliz no hubiera podido hacerlo. Mi apreciación del mundo es el de un mundo difícil, duro, a veces hermoso. A pesar de todo, es gratificante tener conciencia de todo ello’

Adelantándome a cualquier objeción sobre el hecho poético en el momento de su escritura reconozco también que no toda experiencia estriba en lo fáctico. De las pocas entrevistas que he leído o visto de Blanca Varela, como la referida en el párrafo anterior, se puede colegir su sólida concepción sobre el misterio de la poesía y del poeta. Me refiero, como la poeta también lo hacía, a que no toda creación poética ha nacido de lo que en su momento la experiencia dada parece ser, sino que es deudora, en gran parte, de un cúmulo de expectativas obradas desde el orden o caos interior, entre ellas, la construcción de una mirada propia, un estilo particular, un método estético, para la asunción de tales experiencias:

“y que nosotros
los poetas los amnésicos los tristes
los sobrevivientes de la vida
no caemos tan fácilmente en la trampa
y que
pasado presente y futuro
son nuestro cuerpo
una cruz sin el éxtasis gratificante del calvario
y que no hay otra salida
sino la puerta de escape que nos entrega
a la enloquecedora jauría de nuestros sueños
nosotros o ellos”.

Cualquier perfil poético que se procure hacer sobre la autora de Canto villano, como el que ahora he procurado de forma somera, no puede detenerse únicamente en las dotes de concentrada lucidez, en la delectación del lenguaje sobrio y culto, en el fervor por lo escéptico, que su obra trasiega. Porque si bien ésta huye del fácil exabrupto que se toma por regla para las confesiones que buscan ser francas, genera una comunicación, igualmente, dubitativa, cotidiana y abierta a lo pre-establecido sin perder el equilibrio de la belleza poética. Esa extraña mezcla de lo familiar, de lo consecuente, uno mismo con lo infinitamente oculto, metafísico o pasional, y que tantea del cielo a la tierra y examina, con imágenes que atraen y horrorizan,  el mandato oscuro de Dios y la respuesta febril del hombre:

 “Aquí estoy por tu mano en esta ineludible cámara de tortura, guiándome con sangre y con gemidos, ciega por obra y gracia de tu divina baba.
Mira mi piel de santa envejecida al paso de tu aliento, mira el tambor estéril de mi vientre que solo conoce el ritmo de la angustia, el golpe sordo de tu vientre que hace silbar al prisionero, al feto, a la mentira. 

¿Qué más quieres de mí? 
Quieres que ciega, irremediablemente a oscuras deje de ser el alacrán en su nido, la tortuga desollada, el árbol bajo el hacha, la serpiente sin piel, el que vende a su madre con el primer vagido, el que solo es espalda y jamás frente, el que siempre tropieza, el que nace de rodillas, el viperino, el potroso, el que enterró sus piernas y está vivo, el dueño de la otra mejilla, el que no sabe amar como a sí mismo porque siempre está solo. Ve lo que has hecho de mí. Predestinado estiércol, cieno de ojos vaciados.
Tu imagen en el espejo de la feria me habla de una terrible semejanza. ”

Finalmente, parafraseando un verso de Vicente Aleixandre, preguntó: ¿Para quién escribió Blanca Varela, acaso para el periodista, el crítico literario, las feministas o simplemente el curioso? Escribió para todos aquellos que estén dispuestos a recibir lo que les diga. La aventura de su poesía exige tomar con seriedad nuestras dudas y certezas, abrir la puerta a esa imposible imagen en que estamos convertidos, de allí la fortaleza de su poesía, y la nuestra. Se equivocaba Blanca Varela cuando en alguna entrevista afirmaba que le hubiera gustado ser una heroína: “Me hubiera gustado ser alguien que hubiera pasado por este mundo habiendo dejado alguna huella que sirva para los demás. Algo que ayude a los que vienen atrás a vivir los mismos problemas que tú de alguna manera ya has vivido”, quizás la más grande equivocación de su vida, debida a la virtud de su modestia.
  

2 Comments »

  • Eduardo said:

    Me sorprende muy gratamente la prosa de Rafael Gallardo…su halo ensayístico me genera mucha admiración y otra gran cantidad de envidia

  • Lúlu said:

    Leer un homenaje a Blanca Varela, siempre es gratificante y leer un estilo pulido e interesante de una persona que sabe de lo que escribe, aún más.

Deje su comentario!

Deje su comentario, o trackback desde su website. También puede subscribe to these comments via RSS.

Sea cortés y mantenga su comentario relacionado al tema. No se admite spam.

Puede usar estos tags:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

This is a Gravatar-enabled weblog. To get your own globally-recognized-avatar, please register at Gravatar.

*